El porqué de Matt Elliott

Para ser sincero, acabar un disco es una experiencia tan extenuante que siempre me pregunto si vale la pena hacer otro. Pero me es imposible parar. Ahora mismo estoy al final de una gira de seis meses, totalmente agotado, y me pregunto si podré volver a hacer algo así. Pero no estoy cualificado para hacer nada más. Y no creo que ninguna otra cosa me aportase todo lo que me aporta hacer música.

Cuando más disfruto la música es tocando solo en mi apartamento. Y creo que si le pasase algo a mis manos y no pudiese tocar la guitarra me las apañaría para crear música de algún modo. Sé que suena un poco pajillero, pero la música para mí es lo más parecido a la religión que he sentido jamás. No puedo decirlo de otro modo. Ha estado conmigo toda la vida. Siempre me fascinó. No es algo que simplemente hago: he estudiado cada aspecto que implica hacerla. Es fascinante, por ejemplo, descubrir cómo las frecuencias funcionan en el cerebro. Adentrarte en todos sus componentes y efectos es algo infinito. Y es una de las pocas cosas que los humanos hacemos bien. Es una forma de comunicación pura y algo bonito que compartir con la demás gente.

Cuando me siento como una mierda lo que hago es coger la guitarra y así no me siento tan mal. Es también una forma de terapia. Cuando haces una letra estás analizando una situación, intentando no tener miedo de ti mismo y tratando de dar forma a tus pensamientos. En cierto modo, es un ejercicio de autoanálisis y gritarlo es un buen modo de expulsarlo. Todo esto no quiere decir que sea un tipo miserable. Lo que pasa es que intento componer música sólo cuando estoy en mis momentos más bajos. Cuando estoy feliz voy en bici o bebo con mis amigos. Y cuando estoy triste hago canciones. (Junio de 2012)

El inglés Matt Elliott es autor de la fúnebre trilogía compuesta por los discos “Drinking songs” (2005), “Failing songs” (2006) y Howling songs” (2008).