El porqué de Robyn Hitchcock

Hago música porque cuando tenía 13 años esta se convirtió en lo más importante de mi vida. Mi colección de elepés era como un sacramento. Tenía un tocadiscos portátil y llevaba los discos conmigo a todas partes. Me metía con ellos en el baño, me los llevaba al bosque, si tenía que lavar el coche lo hacía con los discos sonando al lado… Me levantaba por la mañana y lo primero que hacía era poner un disco. Y eso mismo hacía antes de acostarme. En esa época no existía el walkman ni el iPod. De haber existido nunca me hubiese desenchufado de ellos. Entonces aún no tocaba ningún instrumento. Me gustaban The Beatles y las canciones de folk, pero no sabía que sería músico. A los 16 tuve una guitarra y ya nada más tuvo importancia en mi vida. El adulto hará lo que el adolescente haya decidido. Es el adolescente quien proyecta el futuro del adulto.

Aquella música me permitió… vivir en el mundo real. Hizo que la realidad cobrase cierto sentido. Y Bob Dylan fue el capitán de todo eso. También estaban The Beatles, The Incredible String Band, Captain Beefheart, The Velvet Underground, Love, The Doors… Eran filosofías distintas. Cada cual tenía su forma de afrontar la vida, de reaccionar ante la realidad: cómo tratar con tus padres, con tu novia, con tus profesores, con tus amigos, con tus fracasos… Todo eso culminó en Syd Barrett, que supo cómo afrontarlo todo y dimitó de la vida. Él fue una gran influencia: el típico ¡que os jodan, yo me largo!

Como producto a la venta espero que mi música tenga este efecto en otra gente, pero no sé si la música significa lo mismo ahora que entonces. Creo que hoy mis canciones sirven más para hacer compañía que para iluminar el mundo a alguien. Mis canciones son esa cosa que está en la habitación pero con la que no tienes que hablar ni te va a pedir nada.

Para mí la música es un mecanismo interno a partir del cual una parte de mí manda mensajes a la otra. Es una manera de conectar mi personalidad disociada. Una parte de mí tiene una perspectiva general y puede ver más lejos que la otra. Tiene cierta sabiduría, está en lo alto de la colina viendo llegar las nubes y dicta notas a esa otra parte de mí que carece de sabiduría; a ese tipo de ahí abajo que está con unos auriculares tomando apuntes.

Algunas de mis canciones no tienen ni pizca de sabiduría sino que son cosillas graciosas, pero casi siempre intento decirme algo en las canciones. Me convertí en compositor buscando esa función: ese es su efecto en mí. Pero no sé si las canciones de Captain Beefheart le decían algo a él. Creo que Bob Dylan sí se decía cosas a sí mismo. Dylan es el tipo de persona que escribía desde un lado de sí mismo para el otro lado de sí mismo. Bueno, nunca he hablado con él ni puedo decirte en qué me baso…

…Pero somos criaturas bastante perversas que avanzamos simultáneamente en direcciones opuestas. Y una de las funciones del arte es intentar reconciliar estos aspectos incompatibles de nuestra personalidad. La música o la pintura son como una puesta en común de todo eso. Pero eso no es esquizofrenia. La esquizofrenia implica partes de la personalidad que no se reconocen mutuamente. Esto es más un diálogo de emociones; es más parecido a la bipolaridad.

Porque la música es también un modo de reconciliar al niño que quiere algo al instante con el adulto que le dice: ‘no, espera’ o ‘piénsalo antes’ o ‘eso que crees que has perdido igual reaparece dentro de un rato’. A menudo siento que mis canciones son como un padre conversando con un niño. Quiero pensar que la música es una especie de foro en el que se reúnen distintas partes de mi personalidad fraccionada.

El inglés Robyn Hitchcock fundó el grupo de rock psicodélico The Soft Boys en 1976 y desde los años 80 ha editado decenas de discos a su nombre.